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¿Son tóxicos los sulfitos del vino?

 

Los sulfitos, también conocidos como dióxido de azufre (SO2) son unos conservantes que se han utilizado en la elaboración del vino durante mucho tiempo, ya que ayudan a su conservación, retrasando la oxidación natural del vino y la aparición de las bacterias. Pero, ¿qué son los sulfitos?

 

Los sulfitos en los alimentos son algo más común de lo que parece, ya que son un conservante muy activo, que suele aparecer en conservas en forma de ácido sulfuroso (E220), sulfito de sodio (E221), disulfito de sodio (E223) o sulfito de calcio (E25).

Sin embargo, los sulfitos también pueden aparecer de forma natural en algunos alimentos, sobre todo en aquellos que atraviesan un proceso de fermentación natural. Durante la fermentación, las bacterias oxidan el azufre contenido de forma natural en algunos alimentos, como algunas frutas dulces —melocotones o ciruelas—, el jengibre o la col, que se fermenta para elaborar chucrut. Los sulfitos en el vino son, hasta cierto punto, algo natural, pues son un subproducto generado por las levaduras durante la fermentación.

La cantidad de sulfitos en el vino, incluso en aquellos a los que se les añade de forma artificial, es realmente baja. La propia OMS (Organización Mundial de la Salud) ha señalado que estos aditivos son seguros para el consumo. Sin embargo, las leyes de los países productores de vino limitan el uso de los sulfitos en el vino para evitar que los usuarios desarrollen alergia al vino o problemas de salud derivados de la ingesta de estos aditivos y exigen que contenga la etiqueta “contiene sulfitos” siempre que los contenga.

Muchas bodegas han optado por la producción de vino orgánico, apto para el consumo de veganos y todo tipo de usuarios, por lo que elaboran vinos sin sulfitos o con una cantidad realmente baja. 

¿Los sulfitos son malos para la salud?

El dióxido de azufre y sulfitos como el anhídrido sulfuroso son sustancias tóxicas para el consumo humano. El azufre es un mineral de origen volcánico, por lo que es peligroso para su consumo. Sin embargo, como componentes del vino, los sulfitos tienen una concentración tan baja que no representan un peligro real para la salud.

Sin embargo, las grandes bodegas han adoptado una política de elaboración de productos seguros y orgánicos, lo más saludable posible para el consumo, por lo que muchas han decidido eliminar por completo su uso, mediante la utilización de otros conservantes más saludables o con la aplicación de nuevas técnicas científicas empleadas en la elaboración del vino.

 

Sulfitos y efectos secundarios en el cuerpo

Según la Organización Mundial de la Salud, la Dosis Diaria Admisible (DDA) de sulfitos es de entre 0,35 a 1,50 mg/día por kg de peso del consumidor. Como valor medio, la OMS señala que no se debería superar el 0,7 mg/día por kilogramo de peso. 

Diversas organizaciones han realizado estudios sobre los efectos de los sulfitos en el cuerpo de los humanos y los animales, con los que se han podido medir ciertos parámetros de toxicidad, así como una tendencia al desarrollo de alergia a los sulfitos, así como otros efectos negativos.

En personas adultas —a partir de los 18 años—, los primeros síntomas de intoxicación se aprecian solo cuando las dosis de sulfitos ingeridas son muy altas, a partir de los 4 gramos por kilogramo ingeridos de una sola vez, aunque en personas especialmente sensibles o alérgicas, los efectos se empezarán a notar en cantidades más bajas. Los efectos de la intoxicación se muestran como irritación gástrica, vómitos y sensación de náusea continua. Las alergias a los sulfitos también aparecen habitualmente en personas que sufren trastornos por asma.

 

¿Cuántas copas de vino resultan tóxicas?

El nivel de toxicidad en la ingesta de sulfitos en personas adultas, con un peso de entre 60 y 80 kg, es de entre 42 a 56 mg por día. Esto significa que, en las dosis aprobadas por las legislaciones actuales, se debería consumir más de media botella de vino diaria de forma continuada para que la cantidad de sulfitos consumida fuera tóxica. Sin embargo, un consumo superior a las 3 copas de vino diarias podría comenzar a generar niveles altos de toxicidad.

La toxicidad de los sulfitos en el cuerpo humano se debe a que estos destruyen la vitamina B1. Una forma de evitar la toxicidad de los sulfitos sería justamente consumir alimentos con una gran contenido de Tiamina (vitamina B1) como la carne de cerdo, el queso, los mejillones, las lentejas o el pescado.

¿Los vinos ecológicos tienen sulfitos?

La respuesta es sí. Los vinos libres de sulfitos y los vinos ecológicos también contienen sulfitos, aunque en este caso se trata de sulfitos naturales. En estos vinos, se hallan presentes en la uva y se liberan durante la fermentación, su concentración es tan baja que resulta despreciable para los fabricantes, por lo que estos vinos pueden seguir mostrando la etiqueta “Sin Sulfitos”. 

Los vinos ecológicos, orgánicos y naturales no pueden quedar completamente libres de sulfitos o conservantes como el sulfito de potasio, ya que las levaduras naturales de la uva, al empezar el proceso de fermentación alcohólica del mosto, son capaces de producir hasta 100 mg de sulfitos (anhídrido sulfuroso) por cada litro.

Al ser imposible librarse de esa parte de sulfitos, los reglamentos de la Comunidad Europea sobre los Vinos Ecológicos, permiten utilizar el anhídrido sulfuroso como aditivo, aunque su concentración en estos vinos es mucho menor a la que encontramos en los vinos de elaboración industrial o tradicional.

Ahora que ya sabes qué son los sulfitos en el vino y cómo afectan a la salud, ya podrás disfrutar de una copa de buen caldo, sin miedo a la toxicidad. Y, si lo prefieres, siempre puedes optar por un vino orgánico libre de sulfitos.

 

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¿Cuáles son las diferentes variedades de uvas?

 

Existen más de 10.000 variedades de uva aptas para la elaboración del vino en todo el mundo. Esta es una fruta que lleva mucho tiempo con el hombre y que, con el tiempo, ha ido evolucionando para crear los distintos tipos de vino de los que disfrutamos.

 

La vid es un tipo de planta en forma de arbusto originaria del norte de África y Asia, que llegó hasta Europa a través de las diferentes colonizaciones y conquistas de fenicios, griegos y romanos. Con el tiempo, las cepas de vino fueron mutando y adaptándose a las diferentes regiones del mundo, dando lugar a una amplia selección de clases de uvas.

La facilidad para adaptarse a los distintos climas y ambientes es justo una de las principales propiedades de la uva. Esta capacidad ha permitido a la vid crecer en casi cualquier lugar del mundo, mutando y ofreciendo uvas moradas, o variedades más comunes, como la uva blanca o la uva tinta, que son las que más se usan para la elaboración de vinos.

A continuación, vamos a realizar un repaso a los principales tipos de uva y sus propiedades.

 

Cariñena

Las uvas cariñena o mazuelo, son las uvas rojas típicas de la península ibérica. Es originaria de la zona de Aragón y, desde allí, ha sido llevada a Cerdeña, Argelia y América. El vino resultante tiene mucho cuerpo y un volumen de alcohol muy alto, por lo que ha sido utilizado tradicionalmente para mezclar con otros vinos más finos o de menos cuerpo. Es una uva con un gran rendimiento, por lo que se ha popularizado en zonas donde la producción es complicada.

Cabernet Sauvignon

La uva cabernet sauvignon es originaria de Francia, concretamente de Burdeos. Es considerada por los expertos como una de las de mayor calidad del mundo, gracias a la riqueza de sus colores y la potencia de sus taninos. La cabernet sauvignon es la uva con la que se elaboran los mejores tipos de vino tinto.

 

Pinot Noir

Pinot Noir es la variedad de uva más elegante, ya que es la más utilizada en la elaboración de los mejores champagnes del mundo, así como en los mejores vinos tintos del mercado. Es una uva típica de Francia, que se cría bien en climas fríos.

 

Tempranillo

Otra uva de origen español. Con ella se elaboran vinos de gran calidad, con un gran equilibrio entre acidez y graduación alcohólica, con mucho sabor y aromas dulces. Es una uva de color rubí intenso, que se cría en la zona del Duero.

 

Agliánico

Es uno de los tipos de uva para vino más antiguos de Italia, son conocidas por crecer en la región de Campania y la Basilicata, al sur de la península. Las uvas dulces de esta variedad crean vinos con finales más astringentes, con sabores muy frutales de higos y pasas, con un regusto terroso y mineral.

 

Verdejo

La uva verdejo es una variedad antigua, muy aromática, fresca y frutal. Aunque es de origen asiático, la verdejo es una variedad que se cultiva sobre todo en España, en la zona de La Rueda, en Valladolid, donde tiene una Denominación de Origen propia. El resultado podría ser el mejor vino blanco de España, gracias a su sabor dulce, fresco y muy frutal, que es una de las propiedades de la uva blanca.

Bonarda

La uva Bonarda es típica de Argentina y no debe confundirse con la Bonarda del Piamonte, ya que la versión argentina es una variedad de uva tinta que desciende de las Corbeau francesas. Sus vinos tienen mucho cuerpo, de color rubí o picota, con aromas frutales de frambuesas y toques de anís.

 

Carmenere

Se trata de uvas de origen francés, muy utilizadas en las clases de vinos del sur del país y son famosas por producir unos vinos muy particulares, con unos taninos muy potentes y unas notas que recuerdan al pimiento verde, un aroma muy común y apreciado en los vinos tintos.

 

Gamay

Otra variedad de uva francesa, concretamente de Borgoña, que da como resultado unos vinos muy suaves, fáciles de consumir para los usuarios poco acostumbrados al vino. 

 

Merlot

Otra de las uvas reconocidas por los amantes del vino, se trata de una variedad tinta de la zona de Saint Emilion y Pomerol, que también se cultiva en España. Sus vinos son de los más apreciados en el mundo, con colores muy intensos y oscuros, poco ácidos y con mucho azúcar y una gran cantidad de resveratrol. 

 

Garnacha tinta

La garnacha tinta es, junto a la merlot y la cabernet sauvignon, una de las variedad más extendidas por todo el mundo. En este caso, más que por la popularidad o la calidad de sus caldos, es por la capacidad de resistencia de sus cepas, que se adaptan incluso a los climas más extremos, como los de Australia. Es una uva muy apreciada para elaborar vinos tintos de crianza y con mucho cuerpo.

 

Misión

La uva Misión, también llamada Criolla o País, fue introducida en América por los primeros colonos españoles. Origina vinos muy dulces, que son muy apreciados para la elaboración de mistelas, así como para vinos sacramentales. Es una variedad muy extendida, ya que es muy resistente a la filoxera. En Canarias, esta variedad es conocida como Palomino Negro.

Nebbiolo

La uva típica de la zona del Piamonte italiano que cuenta con una Denominación de Origen Controlada y Garantizada (DOCG). Produce vinos tintos de color claro, con unos taninos muy marcados, que en vinos jóvenes, pueden resultar demasiado amargos. Tiene un característico aroma entre alquitrán y rosas. Durante la crianza, los vinos se tornan más complejos, con aromas cítricos, herbales y terrosos, con sabores de grosella, tabaco y ciruelas pasas.

 

Petit Verdot

Una uva tinta de origen francés típica de la zona de Burdeos. Es muy apreciada por su sabor intenso y sus vinos son muy característicos, con mucha estructura y un perfume de violetas que los hace únicos.

Aunque, como hemos dicho, existen más de 10.000 variedades de uvas para vino en el mundo, estos son algunos de los más importantes y más utilizados para elaborar este delicioso licor.

 

Bibliografía

Uva Verdejo – Vitivinicultura.net

 

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Maridaje de vinos: recomendaciones para cada alimento

 

El maridaje de vinos es casi un arte. Las comidas se disfrutan mejor con vino, pero hay que saber escoger qué vino es el más adecuado para acompañar a los diferentes platos. Cada sabor requiere un tipo de vino y acertar, no siempre es tan fácil como parece.

 

Todo el mundo conoce las fórmulas básicas del maridaje que no son más que los típicos: “el vino tinto marida con la carne y el blanco con el pescado”. Sin embargo, los platos modernos ofrecen un abanico enorme de sabores y aromas, por lo que esta forma tradicional de maridar los vinos no siempre es la más adecuada. Hoy en día, maridar es complejo y no solo por los nuevos sabores y preparaciones, sino también por la enorme oferta de vinos nuevos, con sabores diferentes que existen.

 

¿Qué es maridaje?

Básicamente se trata de unir platos y sabores con vinos. En pocas palabras, los platos de sabor fuerte como las carnes o las salsas, suelen maridar bien con vinos fuertes y con cuerpo. En cambio, los platos ligeros como las ensaladas, los entrantes y los pescados, maridan bien con vinos ligeros, como el blanco o el rosado. 

Sin embargo, esta fórmula no está escrita en piedra y no siempre los vinos tintos serían los más recomendables para un plato de carne. En gran parte, el maridaje es una cuestión de gustos y escoger el vino que acompaña a la lista de comida de un menú dependerá mucho del gusto de cada comensal, así como de la preparación de los platos.

Maridar con vinos se ha convertido cada vez más en un proceso experimental, en el que pueden utilizarse vinos blancos para la carne o vinos secos para el postre. Sin embargo, hay algunos consejos que se pueden seguir para escoger los vinos que mejor maridan con las comidas.

Escoger el menú

Para entender qué es el maridaje en un restaurante, hay que pensar en todos los elementos que componen un menú, teniendo en cuenta que todos los platos formarán parte de una experiencia global, pues cada plato tendrá unos sabores y aromas únicos.

De la misma forma que un menú no puede servir tres platos fuertes seguidos, tampoco se debería servir un vino fuerte con un plato ligero, ya que de hacerlo el siguiente vino resultaría insípido. 

Por este motivo, los sumilleres ordenan los vinos en función de los platos que se sirven en el menú. Habitualmente, se empieza con vinos rosados o blancos para los entrantes y, desde aquí, se empieza con un maridaje de vinos tintos cada vez más maduros, hasta el postre que se marida con vinos dulces como los Pedro Ximénez.

 

Peso y equilibrio

Para disfrutar de una cena maridaje, es necesario encontrar el equilibrio de los vinos y las comidas. En este sentido, se debe conocer el peso de las comidas, que se define en función de las materias primas utilizadas para la elaboración de cada plato, así como la cantidad de grasas que lleva, la intensidad de los sabores y los diferentes elementos que lo componen, así como su “pesadez”, es decir lo difícil de digerir que resulta el plato.

El peso de los platos es algo complicado, pero es necesario entenderlo. Por ejemplo, un asado de carne con salsa será mucho más pesado que una ensalada o un plato de marisco. 

Los vinos también tienen un peso, en este caso determinado por el cuerpo y la intensidad de su sabor, que se define por su contenido alcohólico, así como el tipo de uvas utilizadas para su fabricación, el tiempo de maduración, el contenido de taninos y hasta la Denominación de Origen o la región donde se elaboró.

En este sentido, los sumilleres señalan que los vinos blancos jóvenes son los más ligeros, seguidos de los blancos y los blancos con crianza. Los vinos rosados también son ligeros, en algunos casos incluso más que los blancos. En los vinos tintos, lo más ligeros son los jóvenes o del año, seguidos por los de crianza, reserva y, por último, los gran reserva. Los vinos dulces son los más pesados y, por tanto, quedan reservados para los postres.

Para encontrar el equilibrio entre el plato y el vino, lo ideal es maridar vinos que tengan un peso similar. Por tanto, las ensaladas y los entrantes maridan bien con blancos jóvenes, mientras que los pescados y los mariscos lo hacen con vinos blancos de más cuerpo. Para quesos y carnes blancas, podemos maridar un vino blanco de crianza o incluso un vino rosado. Los vinos tintos son adecuados para carnes a la brasa, asados o quesos curados y guisos de carnes rojas.

El contraste y la asociación

Hoy en día, una cena de maridaje puede ser un buen espacio para la experimentación. Por ejemplo, podemos maridar el vino por contraste, escogiendo vinos ligeros para platos fuertes y viceversa. 

Por ejemplo, se podría maridar un plato de contenido muy picante con un vino seco blanco, que ofrece una sensación de frescor que puede ser muy agradable. Otro ejemplo sería el de servir quesos de sabor fuerte como un queso azul con vinos dulces, lo que potencia el sabor potente del queso.

La asociación sería justamente lo contrario. Maridando un vino blanco con un plato de marisco que complemente su sabor. Los vinos se pueden asociar gracias a una amplia variedad de factores como el color, la textura, el sabor o la temperatura. La temperatura sería la asociación entre un plato de marisco fresco y un vino blanco joven, que se serviría en frío.

Por último, no hay que olvidar que el maridaje de vino no deja de ser una cuestión de gustos, por lo que siempre dependerá de nuestra experiencia. Escoge un vino del que disfrutes y que te guste, y seguro que no fallarás en el maridaje.

 

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¿Cómo hacer vino casero?

 

El vino es una de las primeras bebidas alcohólicas conocidas por el hombre. Se trata de una fermentación y maduración natural del jugo de las uvas, y no resulta demasiado complicado hacerlo en casa. En este artículo, explicaremos paso a paso el proceso para saber cómo hacer vino en casa.

 

La receta del vino es muy sencilla, en primer lugar se deben recoger las uvas maduras de las vides; en segundo lugar las uvas recogidas se deben colocar en un recipiente limpio y estanco, a continuación se machacan para que liberen los jugos. Por último, se espera a que empiece la fermentación del vino casero, donde las levaduras naturales convierten los azúcares naturales en alcohol y se transforma el mosto en vino.

Para aquellos que quieren saber cómo hacer vino casero, el proceso es tan sencillo y fácil de replicar que se ha utilizado desde la antigüedad para crear otros licores diferentes. Basta con replicar el proceso mencionado con cualquier otra fruta dulce como las moras, las cerezas, manzanas o cualquier fruta que tenga gran cantidad de azúcar natural.

La fermentación, que es la base para la elaboración del vino, es un proceso natural, que no requiere la mano del hombre. La levadura es un organismo unicelular que está presente de forma natural en la fruta y comenzará a actuar automáticamente al entrar en contacto con el azúcar natural de las uvas. De esta forma, lo único que se necesita es que las uvas estén machacadas para que se liberen los azúcares naturales. Si se quiere acelerar el proceso, se puede utilizar levadura para vino casero, que se puede comprar online.

 

Ingredientes para elaborar vino casero

Los principales componentes del vino son las uvas. Esta fruta es una de las que más afectadas se ven por el lugar en el que crecen. La temperatura, la composición del suelo y hasta la distancia entre una cepa y la otra influyen en la calidad final de la fruta. Es por este motivo que el mejor vino blanco (pulsando este enlace puedes encontrar algunas opciones para elegir) y tinto es aquel que proviene de cosechas especialmente buenas. Si quieres saber cómo hacer vino blanco o cómo hacer vino tinto, la diferencia principal está en el tipo de uvas que se utilizan. Para elaborar vino blanco se utilizan variedades blancas como la verdejo, mientras que para el tinto se utilizan otras rojas o tintas, como la syrah. En ambos casos, las uvas deben estar en su estado óptimo de maduración, ya que es en ese momento cuando alcanzan el nivel de azúcar adecuado.

Si quisiéramos saber cómo hacer vino dulce, deberíamos esperar a que las uvas se pasifiquen —se sequen de forma natural por el sol—, mientras aún están en la planta. Las pasas tienen una concentración de azúcar muy superior por lo que el resultado es un vino con más graduación alcohólica y mucho más dulce.

Por tanto, la elección de la uva es el primer paso para saber cómo hacer vino y también es el más importante. Para aquellos usuarios que quieran llevar la experiencia al máximo, lo ideal sería que las recogieran ellos mismos. Sea como sea, hay que escoger siempre una uva de calidad y que haya alcanzado el nivel de maduración óptimo.

Pero estos no son los únicos ingredientes que se necesitan para elaborar vino. También necesitarás agua filtrada, sin cloro ni químicos propios del agua “del grifo”, azúcar —que puede ser miel— para equilibrar el gusto del vino al terminar la fermentación y también algún tipo de levadura para vino casero. Por último, las bodegas modernas utilizan sulfitos para que el vino aguante más, por lo que es posible comprar pastillas de metabisulfito de sodio, aunque este último ingrediente no es necesario.

¿Qué herramientas necesito para hacer vino en casa?

Ahora que ya tenemos los ingredientes necesarios, vamos a ver qué herramientas necesitamos para aprender cómo se hace el vino. 

Necesitarás, en primer lugar, un recipiente limpio donde machacar la uva, esto lo puedes hacer en cualquier bol o cubo que tengas, siempre que esté limpio. También necesitarás algún tipo de cántaro de vidrio o garrafón, para colocar el zumo machado, este cántaro o garrafón ha de ser estanco y contar con algún tipo de esclusa de aire que puedas abrir para liberar el dióxido de carbono que se crea en el interior de vez en cuando. 

También necesitarás una prensa de vino casera para machacar las uvas y botellas de vino, limpias, así como tapones de corcho para tapar las botellas una vez estén llenas y algún colador fino para filtrar el vino antes de meterlo en las botellas.

 

Cómo hacer el vino paso a paso

Una vez tenemos todos los ingredientes y los materiales necesarios para elaborar el vino casero, vamos a ver cómo hacer el vino paso a paso.

 

Limpiar la uva y machacarla

Lo primero que debemos hacer es limpiar la uva. Para elaborar vino, las uvas deben quedar libres de todas las partes vegetales como las ramas, las hojas y los sarmientos —que son los pequeños zarcillos en espiral que tienen las uvas—, todas estas partes vegetales aportarán un sabor astringente al vino, que puede resultar amargo en muchos casos. Del mismo modo, la cáscara de la fruta aportará mucho sabor al vino, así que, si queremos un vino fino y ligero, podemos pelarla, pero si queremos un vino sabroso y con cuerpo podemos dejar la piel de la uva.

Una vez limpia, debemos empezar con el machacado. En este proceso debemos romper la uva para que salga el zumo o mosto. Este proceso liberará las levaduras naturales y dará comienzo al proceso de fermentación. En este momento, también se recibirá el color del vino, que procede del hollejo —la cáscara del grano—, por lo que si hemos escogido uvas blancas haremos vino blanco y si escogemos uvas tintas, tendremos vino tinto.

Hay que tener mucho cuidado al machacar la uva, ya que no se deben triturar, sino que basta con abrirla. Si machacamos demasiado la uva, podríamos partir las pepitas con lo que el jugo podría adquirir sabores amargos. 

Al finalizar el proceso de machado, obtendremos un mosto, una pasta en la que se mezcla el zumo, las cáscaras y las pepitas. En este punto se le puede añadir la pastilla de sulfitos para que regule el proceso de fermentación, aunque no es obligatorio.

Maceración

La maceración es cuando el zumo y las partes sólidas de la uva (pepitas, hollejo y sarmientos, si los tienen) entran en contacto. Durante este proceso es cuando el vino adquirirá la mayoría de sus sabores, colores y olores. En este punto, el líquido sigue siendo mosto, ya que no se ha convertido aún en vino. 

El proceso de maceración es muy importante para la elaboración del vino. Los vinos blancos tienen un proceso de maceración más corto, al igual que los vinos rosados. Los vinos tintos, en cambio, tienen un tiempo de maceración mucho más largo, por lo que se obtiene un vino con mucho más cuerpo. 

La maceración es también el momento en el que se activan los taninos, unas sustancias orgánicas que forman proteínas y polisacáridos que aportan nutrientes y la mayoría de sus propiedades organolépticas.

 

Fermentación

En el vino, la fermentación es un proceso natural mediante el que las levaduras, que están presentes en la uva, empiezan a transformar el azúcar de la fruta en alcohol. Al transformar el azúcar en alcohol, las levaduras producen anhídrido carbónico, un gas que se evapora en el aire. 

La fermentación termina cuando todo el azúcar de la uva se transforma en alcohol. Durante este momento es muy importante controlar la temperatura, ya que las levaduras no trabajan bien en temperaturas frías —se corta la fermentación— y, en temperaturas demasiado altas, el proceso se puede acelerar provocando explosiones. 

El gas que se libera de la fermentación empuja los restos hacia la parte superior del recipiente formando una barrera de desechos sólidos que se denomina sombrero. En algunos vinos, el sombrero se rompe periódicamente y se remueve para que el vino adquiera mayor sabor y color, este proceso se suele llamar “remontado y bazuqueo”. La fermentación dura en general entre 6 y 10 días.

Al terminar estos días de primera fermentación, se realizará el proceso de descube, donde se separa la parte líquida de las sólidas y se pasa el líquido a otro recipiente. En este momento, se extrae y elimina la parte sólida.

Una vez limpio de las partes sólidas, empezará la segunda fermentación, llamada maloláctica que durará entre 10 y 20 minutos y donde de nuevo será importante controlar la temperatura.

Este proceso es esencial en la elaboración del vino tinto, ya que el ácido láctico se transforma en este punto en ácido málico, de sabor mucho menos ácido y mucho más suave. Cuando las levaduras convierten todos los azúcares en alcohol, la fermentación termina y el líquido ya se ha convertido en vino.

Para finalizar, se puede filtrar el vino para que quede limpio. Este proceso se llama “clarificación” y es muy importante para el vino tinto; cuantas menos partículas sólidas queden, mejor será la calidad final del vino. 

Con todo esto, podemos disfrutar de un vino casero, que podremos dejar descansar un mes o dos en la botella, para que adquiera un mejor cuerpo y sus sabores se estabilicen.

 

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El mejor vino verdejo

 

 

Nuestras selecciones de los mejores vinos verdejos

 

El vino verdejo debe su nombre a la variedad de uva con la que se elabora, la Verdejo, una variedad autóctona de tierras españolas, con un aroma y sabor únicos. Los vinos verdejos deben contar con al menos un 85% de este tipo de uva para obtener su denominación. En este artículo, repasamos algunos de los mejores vinos verdejos para que escojas el que más te gusta.

 

1. Pradorey Verdejo vino Blanco Castilla y León Vendimia Nocturna

 

Este podría ser el mejor vino verdejo monovarietal con Denominación de Origen de Rueda (Valladolid). Se trata de un vino flor, elaborado siguiendo el sistema boreal, con uvas recogidas mediante vendimia nocturna. Para su crianza se han utilizado las técnicas más modernas, dejando el vino durante 3 meses con sus lías, para obtener un vino blanco intenso y fragante.

En la copa es de color amarillo pajizo, con reflejos de verde intenso y un aroma muy característicos de la uva verdejo, que recuerda a las flores blancas y a frutas tropicales, como el pomelo, el lichi o la piña. En boca, tiene un sabor potente y carnoso, con un final largo y expresivo, muy elegante.

Se trata de un vino que marida muy bien con todo tipo de patés, pastas ligeras y arroces melosos (con marisco o pescado), ensaladas de hortalizas y conservas, y todo tipo de frituras de pescado.

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2. Descomunal verdejo vino blanco D.O Rueda 6 botellas 75 cl

 

Descomunal es un producto de las bodegas Cuatro Raya, la que podría ser la mejor marca de vinos verdejos, ya que producen 15 millones de botellas al año o, lo que es lo mismo, el 20% del total de vino verdejo de Rueda. La marca es líder en la exportación de este tipo de vinos, con presencia en Estados Unidos, China e Inglaterra.

Este es un vino joven y divertido, de color dorado brillante y con reflejos entre verdes y plateados, típicos de la variedad verdejo. Tiene unos aromas muy marcados y frescos, que recuerdan a la fruta de hueso y las hierbas salvajes. Los vinos Descomunal tienen una gran estructura y, a pesar de ser vinos baratos, resultan muy complejos, gracias a su proceso de fermentación con lías, que le permite conservar su sabor de fruta natural.

Es un vino con una amplia variedad de maridajes, desde carnes blancas y ensaladas, hasta mariscos y arroces. 

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3. Four Lines verdejo vino blanco D.O Rueda pack 6 botellas 

 

Four Lines es un vino verdejo característico de la zona vallisoletana de Rueda. Se trata de un vino blanco monovarietal, elaborado a partir de una selección de los mejores vinos verdejos de la zona. Estos vinos han sido fermentados con sus lías y removidos diariamente durante 3 meses, para obtener el mejor aroma y sabor posible.

Si quieres saber qué vino verdejo comprar, este puede ser una gran opción gracias a su color amarillo pajizo con reflejos verdosos, y con aromas limpios y brillantes, típicos de la variedad, que recuerdan a frutas exóticas como el plátano y el melocotón, así como a las hierbas frescas como el heno. En boca es fuerte y persistente, con notas de melocotón, albaricoque y un final amargo típico de la uva verdejo.

Es un vino para acompañar todo tipo de pescados, marisco y también para ensaladas.

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4. Cuatro Rayas Verdejo Vendimia Nocturna 6 botellas 75 cl

 

Este podría ser uno de los mejores vinos verdejos del 2020, ya que ha sido valedor de la medalla de plata Mezquita en 2019, la de oro en el concurso internacional Gilber y Gaillard de 2019 y las medallas de oro Vinosub30, Berliner Wine Trophy y Mundus Vini, convirtiéndose en uno de los vinos más emblemáticos de la bodega. 

Es un vino de color amarillo pálido, con los típicos reflejos verdosos y acerdos de la variedad verdejo. En nariz es potente, con notas cítricas y de frutos blancos, pero donde brilla es en boca, gracias a su sabor fresco, equilibrado y dulce, muy frutal y con un final ligeramente amargo, que recuerda al hinojo.

Se trata de un vino verdejo que marida a la perfección con todo tipo de pescados y mariscos, así como pastas ligeras y arroces melosos, quesos y también carne blanca.

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5. Poema Verdejo vino blanco D.O Rueda 6 botellas 75 cl

 

Poema es un vino blanco ligero, elaborado a partir de una selección de uvas de la variedad verdejo, mediante vendimia mecánica nocturna. De esta forma, la uva fermenta en barricas de acero inoxidable y a temperatura controlada junto a las lías y los hollejos, obteniendo un sabor más fuerte, típico de los vinos verdejo con D.O Rueda. 

Se trata de un vino con el color amarillo dorado característico de la uva verdejo, con sus reflejos verdosos y un aroma inconfundible, que mezcla el plátano, el melocotón y la hierba fresca. En boca es potente, refrescante y persistente, con sabores que recuerdan a las frutas de hueso como el melocotón y el albaricoque.

Si estás pensando cuál es el mejor vino verdejo para acompañar la carne blanca, este Poema podría ser la respuesta. Aunque también marida a la perfección con pescado, marisco y ensaladas.

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6. Mayor de Castilla Verdejo D.O Rueda 6 botellas 75 cl

 

Mayor de Castilla podría ser el mejor vino verdejo de relación calidad precio. Se trata de un vino blanco, joven y fresco, con D.O Rueda, elaborado en Serrada, donde se cruzan los caminos de Medina del Campo, Tordesillas y Olmedo, una zona con un clima excepcional para la crianza de esta variedad, ya que las bajas temperaturas evitan la oxidación excesiva de la uva.

El resultado es un vino blanco de color amarillo pálido con matices verdosos y acerados, repleto de aromas frescos e intensos a piña, melón y maracuyá, con un fondo dulce que recuerda al anís. En boca es sabroso y fresco, con un final largo y persistente, ligeramente amargo propio de la variedad Verdejo. 

Es un vino para disfrutar fresco, entre los 6 y los 8 grados, que marida a la perfección con platos de marisco fresco, pescados asados o a la plancha, sushi o entrantes fríos como las anchoas o las navajas.

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7. Beronia Verdejo vino D.O Rueda 6 botellas 75 cl

 

Las bodegas de Beronia situadas en Rueda, Valladolid, cuentan con 65 hectáreas repartidas entre varias fincas, con viñas jóvenes de uva verdejo. Estas fincas, cercanas a las aguas del río Duero, contienen vetas de piedra caliza, lo que ofrece al vino una mineralidad única, al tiempo que impide la oxidación de las uvas y acorta los tiempos de maduración.

Este podría ser uno de los mejores vinos verdejos del mercado, gracias al estilo único de maceración, con barricas mixtas, que otorga al vino una profundidad y complejidad únicas, que no encontrarás en otras opciones más baratas. Se trata de un vino amarillo, con reflejos verdosos y con aromas intensos de hinojo, flores blancas y hierba fresca, con un sabor profundo que mezcla la fruta fresca y la acidez típica de la uva.

Es un vino adecuado para acompañar todo tipo de pescados, mariscos y arroces melosos.

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8. Flor Innata Nueva Añada Caja de 3 vino blanco verdejo 

 

Flor Innata podría ser el mejor vino verdejo del momento, gracias a su elaboración única, que busca el equilibrio entre el verdejo clásico y el moderno. Para ello, se emplean uvas 100% verdejo de dos fincas diferentes, situadas a menos de 4 km de las bodegas. 

El resultado es un vino que representa las características principales del verdejo clásico, con su color amarillo pajizo repleto de matices verdosos, una intensidad aromática alta, con olores que recuredan a la fruta tropical y un final herbáceo y anisado, pero con características de un verdejo moderno, gracais a un sabor untuoso y agradable, muy equilibrado y sin notas amargas.

Es un vino muy fresco, que combina perfectamente con todo tipo de pescados, marisco fresco, pastas suaves, arroces melosos y carne blanca, así como entrantes fríos.

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9. Nave Sur PTNSV0101 Verdejo Vino 

 

El verdejo de Nave Sur es un vino característico de la zona de Rueda, Valladolid. Se trata de una gran selección de uvas de variedad verdejo, recogidas mediante vendimia mecanizada nocturna, lo que garantiza que la uva fermentará junto a las lías y los hollejos, potenciando el sabor y los aromas. La fermentación se realiza en barricas de acero inoxidable, a temperatura controlada y removiendo diariamente.

El resultado es un vino característico, de color verde limón y reflejos verdes y acerados. En nariz es aromático, con notas frutales y dulces. Sin embargo, es en el paladar donde brilla, ya que tiene un sabor muy estructurado y complejo, con sabores que recuerdan a la fruta de hueso y un final ligeramente amargo, a hinojo.

Es un vino para maridar con ensaladas de hortalizas, atún fresco y también con carnes blancas a la plancha o asadas.

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10. Paz VI Bag in Box Verdejo 15 litros 

 

Si estás buscando el mejor vino verdejo de relación calidad precio, no encontrarás nada como esta caja de 15 litros de vino verdejo seco, elaborado con uvas monovarietales recogidas a mano en la zona de Rueda en Valladolid. Después de la vendimia manual, las uvas se transportan en cajas de 10 kg para evitar su deterioro antes del prensado y la maduración en recipientes de acero inoxidable. 

El vino está protegido en una bolsa de plástico, en el interior de la caja, y dispone de un grifo para que te sirvas lo que quieras. Se trata de un vino afrutado y color amarillo pajizo, con reflejos verdes y aromas frutales, con un final ligeramente anisado. En boca es fresco y sabroso, con sabor a frutas de hueso y un final seco y equilibrado.

Es un vino para consumo diario que marida muy bien con todo tipo de comidas, aunque podrás disfrutarlo especialmente con ensaladas de hortalizas y pescados.

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Origen y Uso

 

Ahora que ya has visto nuestra comparativa de vinos verdejos, ha llegado el momento de aprender un poco más sobre estos vinos blancos y su historia. Veamos de dónde provienen, sus principales características, así como la mejor forma de combinarlos y de conservarlos.

Historia

En tiempos de la antigua Roma, el emperador Teodosio el Grande, que era natural de Cauca, la actual Coca en la provincia de Segovia, ya se llevaba el vino de la zona del Duero, ya que consideraba que era el mejor vino producido en todo el imperio. La uva verdejo, autóctona de esta zona de España, es en realidad una hibridación, un cruce entre uvas de las variedades traminer, también conocida como savagnin, y la uva castellana blanca.

Estas uvas fueron traídas durante la época anterior a Roma desde la zona del norte de África. Cultivada por cántabros y vascones, los romanos siguieron con su cultivo y la emplearon para la elaboración de vinos. Con la conquista árabe de la Península, los mozárabes siguieron cultivando esta variedad, ya que las pasas que producía eran muy apreciadas, debido a su sabor ligeramente amargo, que suavizaba el dulzor típico de este tipo de fruta. 

Tras la reconquista, con la repoblación de Castilla por parte de gallegos, aragoneses, navarros, asturianos y cántabros, el cultivo de la verdejo para la elaboración de vinos se recuperó. En concreto, el cultivo de esta variedad quedó localizado en la zona entre Segovia y Ávila, pero en los años 50 estos cultivos se trasladaron a la zona de Rueda en Valladolid, donde sus vinos recibirían la Denominación de Origen Rueda. 

Las viñas que se cultivan en esta zona, son clones puros de las vides centenarias que se cultivaban en España hace siglos. Se trata de cepas antiquísimas, pre-filoxéricas, que conservan el ADN puro de la verdejo, algo único en todo el mundo y que no sucede con ninguna otra variedad o D.O.

Su nombre se debe al color verde de sus frutos en el primer estado de desarrollo. Se trata de vides poco vigorosas y de porte horizontal, poco fértiles y con una producción de 1,7 kg de uva por cada cepa, con racimos pequeños y una gran resistencia a la sequía. 

 

Mezclas

Seguimos con esta guía para comprar el mejor vino verdejo, hablando de sus mezclas y combinaciones. El vino verdejo, por su sabor fresco, ligero y con un toque amargo final, es muy fácil de maridar y combina a la perfección con muchas comidas y bebidas diferentes.

En primer lugar, un vino económico, combinará con pescados, ensaladas y arroces ligeros, mientras que uno de mayor calidad y precio, maridará con patés, entrantes fríos, pescados y mariscos frescos y hasta con carnes blancas.

El vino verdejo, por su frescura, es una gran opción para combinados refrescantes como la mimosa, que se prepara con hielo picado, zumo de naranja, azúcar y un poco de vino verdejo. También se puede elaborar un Kir, con crema de casis de grosella negra o licor de melocotón y vino verdejo, este es un cóctel muy ligero y fresco, perfecto para tomar como aperitivo antes de las comidas.

Si prefieres algo más clásico, te recomendamos el gintonic de verdejo, que se prepara mezclando vino verdejo y tónica, con un toque de limón. O también el mojito de verdejo, mezclando hojas de menta, zumo de limón, azúcar, vino verdejo y agua con gas.

 

Conservación

Cualquier vino verdejo, independientemente de cuánto cuesta, se vende en el estado óptimo de maduración, por lo que conviene consumirlo en el momento. Sin embargo, es posible conservarlo en buenas condiciones durante un año o dos, siempre que se mantenga en posición horizontal, lejos de la luz directa del sol y a una temperatura constante. 

Una vez abierto, se debe consumir en menos de una semana y se debe conservar en la nevera, en posición vertical y siempre tapado.

Valor nutricional

Los 100 ml de vino verdejo contienen 81 calorías, 0,1 gramos de proteínas, 1,4 gramos de azúcares y 2 gramos de carbohidratos. 

 

Bebe responsablemente

El vino verdejo, como cualquier bebida alcohólica, debe consumirse de forma responsable y nunca se debe conducir después de haberlo bebido. El vino tampoco es recomendable para el consumo en embarazadas, niños y cualquier persona menor de edad.

 

 

 

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¿Cuáles son los diferentes tipos de vinos?

 

La variedad que tenemos a nuestro alcance en el mercado es considerable. Basta con acudir a cualquier centro comercial y ver la gran cantidad de tipos de vino que tenemos a nuestro alcance. Por suerte, existe ya una clasificación, en la que conocer las clases de vinos que puedes disfrutar hoy día.

 

Vinos blancos, tintos, afrutados, viejos, jóvenes, dulces, secos… los tipos de sabores y la gran cantidad de clases de variantes existentes hoy día es considerable. Algo que hace difícil reconocer estos productos. Por suerte, hoy tenemos a nuestro alcance una clasificación de vinos más o menos estandarizada y debidamente aceptada, de modo que los diferentes tipos de vinos españoles se organizan de forma adecuada y hacen más fácil el proceso de reconocer los mismos por sus principales características.

Para que a ti te sea más fácil entender los diferentes productos que puedes encontrar en cualquier comparador de vinos, te dejamos en detalle esta completa clasificación, que hoy día sirve de estándar al respecto. Un listado donde se tienen en cuenta las diferentes cepas de vino utilizadas, así como los procesos de maduración y procesamiento, que tienen como resultado diferentes sabores, procedentes de las  uvas para vinos que se emplean en el proceso. Datos que te ayudan a entender mejor tanto las características propias del vino como el maridaje y su significado.

 

Vinos blancos

El primer segmento que vamos a analizar es el de los tipos de vino blanco (pulsando este enlace puedes encontrar algunas opciones de compra) que podemos encontrar en el mercado. Podemos empezar hablando de los más ligeros y secos, de poca maduración, ácidos y sin cuerpo, que no suelen pasar por barriles o similares. Justo lo contrario de los vinos secos y amplios, de mayo cuerpo y que pueden envejecer en barrica o botella. Unos caldos secos, en la teoría, pero que pueden tener un punto de dulzor. Finalmente, tendríamos los vinos blancos secos y concentrados, añejados en barrica y botella y que equivalen a los blancos más duros.

Por otra parte, dentro de los blancos, tenemos los vinos aromáticos, destacados por sus aromas y que pueden ser secos o semisecos. Hablamos de vinos afrutados y más agradables en boca que los vinos más viejos, en los que buena parte del azúcar ya se ha convertido en alcohol. El último grupo dentro de los vinos blancos son los dulces y licorosos, intensamente concentrados tanto en cuerpo como en sabores. 

 

Vinos tintos y rosados

El segundo grupo, el más numeroso, es el que forman los vinos tintos y rosados. Recordemos que ambos proceden de las mismas uvas, aunque en el caso de los rosados se emplean diferentes métodos para darle ese color tan particular al vino, ya sea mediante hollejos, sangrado o por mezcla de los caldos de base.

Precisamente los rosados son los primeros productos que encontramos en este apartado. Hablamos de vinos jóvenes, que no son adecuados para envejecer y que se diferencian entre sí mediante un mayor o menor nivel de dulzor. Dentro de este apartado, podemos encontrar los rosados convencionales y los claretes. Este último incluye una mezcla de uva tinta y uva blanca, a diferencia del rosado más tradicional, cuya elaboración ya hemos comentado antes.

En lo que respecta a los tipos de vino tinto puros, empezaríamos mencionando los tintos ligeros o no envejecidos. Aunque en general los tintos suelen ser vinos más bien duros, también tenemos alternativas jóvenes, a la manera de los blancos de poca maduración. Son caldos suaves, realizados con uvas no especialmente intensas en sabores y que además no han pasado apenas por proceso alguno de envejecimiento. El resultado son vinos ligeros y bajos en taninos, mucho más suaves que los más potentes y robustos.

En la parte central de este segmento, tenemos los vinos de cuerpo medio, donde se acumulan la mayor parte de los productos que encontramos en el mercado. Digamos que es la propuesta más habitual a la hora de comprar tintos, contando con una amplia variedad de productos y opciones. Aunque, en general, son vinos de calidad media, también es posible encontrar algunos caldos interesantes y de calidad superior en este segmento. Más duros son los vinos concentrados, elaborados con un planteamiento muy intenso, una elevada concentración de taninos y un aroma fuerte y potente.

La gama premium de los tintos comienza con los vinos de guarda. Son los caldos propios de las regiones clásicas, reconocidas por su alta calidad, así como las cosechas de las regiones secundarias pero que destacan por su envejecimiento cuidado, generalmente en botella. Sí es importante que este vino se encuentre en un punto óptimo de maduración para su consumo, pues si el mismo se pasa de fecha el caldo entra en su fase de declive, arruinando así el trabajo de muchos años.

Por cierto, aunque no es lo habitual, últimamente el mercado está apostando por el vino tinto dulce, con toques más suaves y afrutados a los que generalmente disfrutaremos en condiciones normales y con los productos más clásicos. Algo parecido ocurre con el vino negro. Este presenta las tonalidades tradicionales del tinto, pero con una color mucho más oscuro. El resultado es un vino opaco y que prácticamente impide ver a su trasluz. Una buena alternativa para disfrutar de sabores aún más intensos.

Vinos espumosos

Estos vinos son habituales en todo tipo de celebraciones y su consumo no suele ser tan frecuente, frente al uso más cotidiano de los blancos y tintos que venimos comentando. También tienen una clasificación más sencilla respecto de las variedades existentes.

En esta clasificación, tenemos los vinos ligeros y afrutados, que cuentan con una amplia variedad entre calidad y estilo del producto final. Entre las referencias más destacadas de estos caldos, tenemos el cava español o el Prosecco italiano. Más potentes suelen ser los vinos de corte intenso, donde el rey es el champagne francés. Un producto que se puede presentar en diferentes intensidades y variedades como el seco, semiseco y otras propuestas similares, en las que la principal diferencia es el nivel de azúcar presente en el vino.

Finalmente, tenemos que hablar de los vinos más ligeros y aromáticos. Productos con un agradable sabor a frutas y un nivel de dulzor elevado, acompañado de un grado alcohólico no muy elevado. Un planteamiento donde el Lambrusco se ha convertido en una de las referencias de esta categoría.

 

Vinos dulces y especiales

El último grupo lo forman una serie de vinos que, por descarte, no acaban de encajar dentro de los que hemos planteado anteriormente. Así que no existe una especial uniformidad dentro del origen y características propias de cada producto.

Para empezar, podemos hablar de los vinos que cuentan con una fermentación parcial, entre los que la referencia más habitual es el Oporto. Este se elabora con la cepa de Oporto mediante un proceso de fermentación incompleta. El producto final se completa con una adición de alcohol procedente de otros orígenes, a fin de darle al producto el grado alcohólico correspondiente. No son de las opciones más conocidas más allá de esta variante concreta.

Más famosos en España resultan los vinos generosos, que ya de por sí tienen un nivel fuerte y denso, pero también cuentan con una adición de alcohol, con la que incrementar el grado. Entre los ejemplos de estos vinos, tenemos la Manzanilla o el Fino de Jerez, reconocidos por su intensidad y unas agradables sensaciones en boca.

Diferentes a todos los vinos que hemos comentado son las mistelas. Un producto que, aunque se suele ligar a este mundo, lo cierto es que son mezclas de mosto con alcohol. La preparación es similar a la de algunos licores y tiene la ventaja de mantener el sabor de la fruta con la que se prepara el mosto, generando en paralelo un grado alcohólico adecuado para el tipo de vino correspondiente. Entre estos productos, se encuentra el Moscatel que, gracias a este planteamiento, se puede presentar en diferentes grados alcohólicos y con sabores variables, conforme al origen de la uva y sus sabores.

Tampoco resultan muy tradicionales los vinos pasificados o tostados. Estos productos no se elaboran con uvas convencionales al uso, sino que para su elaboración se utilizan uvas pasas. Las mismas se obtienen mediante un proceso de deshidratación de la uva, lo que genera un incremento de la concentración de azúcar y una pérdida de la cantidad de agua presente en el fruto. Obviamente, este tratamiento impide la fermentación, por lo que el proceso de elaboración se realiza mediante la adición de alcoholes vínicos, macerándose esas pasas en el alcohol correspondiente.

El tiempo de maduración

Con todo lo que hemos comentado tendríamos datos suficientes para clasificar los vinos respecto de su origen y forma de preparación. Sin embargo, hay un segundo criterio con el que clasificar los vinos: el tiempo de maduración del caldo. Una referencia que, en muchos casos, corre paralela a los productos que venimos comentando pero que también nos sirve de referencia para clasificar los diferentes tipos de vino que podemos encontrar en el mercado.

Aunque los tiempos son variables, lo cierto es que sí existen cuatro grupos principales de productos respecto de este parámetro. Empezando por los vinos que no pasan por este proceso de maduración, tendríamos los vinos jóvenes. Unos caldos que no suelen desarrollar sabores muy intensos y que tampoco pierden el toque afrutado de la uva, cuando se trata de disfrutar de su sabor.

El siguiente grupo lo forman los vinos de crianza, que cuentan con un periodo de envejecimiento de al menos 24 meses para los tintos y 18 meses para los blancos y rosados. De este periodo, al menos 6 de esos meses deben transcurrir en barricas, con una capacidad máxima de 330 litros. Un proceso que desarrolla parte de los sabores de la uva y que también aporta matices de la madera en la que se elabora esa barrica.

En cuanto a los vinos de reserva, los tiempos se amplían de forma considerable. En el caso de los tintos, estos deben pasar al menos 36 meses envejeciendo con al menos 12 meses de permanencia en barrica. En cuanto a los vinos blancos y rosados, el período total de envejecimiento se extiende durante 24 meses, de los que seis de estos deben pasarse en barrica.

Finalmente, es momento de hablar de los vinos de Gran Reserva, los que más tiempo tienen que esperar antes de acabar en una botella. Para estos caldos, el periodo de maduración establecido es de 60 meses para los tintos y 48 meses para los vinos rosados y blancos. De este periodo, es necesario que pasen en barrica al menos 18 meses para los tintos y 6 meses para los rosados y blancos. Un periodo prolongado y que sirve para un pleno desarrollo de todos los sabores del vino.

 

Según el origen

Como último aspecto con el que clasificar el vino es necesario hablar de su origen y planteamiento. Una calificación en la que encontramos términos que nos resultan ya conocidos y que también marcan la calidad del producto.

Los vinos de peor calidad y más simples son los llamados vinos de mesa. Es el típico vino de cartón de precio ajustado y para uso diario. Su legislación es muy laxa, aunque sí hay algunas regulaciones respecto de su grado y características.

Más exigentes son los vinos de calidad regionales, que cuentan con reglamentos propios y que establecen sus características técnicas. Dentro de este apartado, encontramos tres grupos principales: los vinos de indicación geográfica protegida o G.P, los de denominación de origen y los de denominación de origen certificada. Unos caldos que ya tienen una serie de parámetros determinados en su preparación y elaboración.

El culmen de esta categoría serían los llamados vinos de pago. Estos productos cuentan con unas propiedades edáficas específicas, marcadas tanto por el microclima propio de la zona como por la composición del terreno. Dado que son estos parámetros los que establecen las características del vino, es clave que se cumplan las mismas desde la plantación de la planta hasta el propio proceso de envejecimiento.

 

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¿En qué se diferencia el vino crianza?

 

Cuando se trata de vinos, es importante saber de lo que estamos hablando, dada la amplia variedad de productos existentes. Si nos referimos al tiempo, tenemos diferentes opciones según el proceso de envejecimiento del vino, así que cuando hablamos de un vino crianza o reserva es clave saber las diferencias frente a otros productos similares. 

 

Disfrutar del vino es uno de los grandes placeres de la vida para los aficionados a esta bebida. Pero un buen aficionado debe saber qué vino está bebiendo, puesto que cada producto y cada caldo tiene unas propiedades y unas características inherentes al mismo. 

Un perfil que se va elaborando con la base de la uva, pero también con el tiempo y el modo en que él mismo lo va pasando a la hora de envejecer. Esto nos deja ante la necesidad de saber cuáles son las diferencias entre un vino de crianza, un gran reserva o un vino reserva, lo que marca el perfil, el carácter y el sabor de ese caldo.

 

El proceso de envejecimiento

Antes de entrar en detalles, es necesario conocer la importancia del tiempo en lo que se refiere a la crianza del vino. Pensemos que, antes de pasar ese tiempo de maduración, el vino no es más que un zumo de uva, al que es precisamente este periodo de tiempo y crianza el que le da las notas de sabor y los demás elementos propios de cada vino. Este envejecimiento se realiza en diferentes tipos de barrica, dependiendo de las características propias de cada caldo. Dependiendo de cada variedad, también se usan barricas y depósitos diferentes, lo que añade un extra de sabor y matices al producto final.

Es importante destacar que, pese a los diferentes intentos de marcar unas pautas o patrones específicos para este proceso de envejecimiento, en la actualidad no existe ninguna legislación a nivel estatal que marque el tiempo necesario para establecer la diferencia entre crianza y reserva. Un proceso en el que también han intentado tomar partido las diferentes denominaciones de origen que sí han tenido algo más de éxito en el proceso, dentro de sus zonas respectivas.

El objetivo de esta regulación dentro de las propias denominaciones de origen es establecer unos criterios de uniformidad, de modo que, si compramos un vino de Rioja  Reserva con unas determinadas características, el mismo tenga los mismos matices tanto si procede de la Rioja Alavesa como si es de la Rioja Oriental o la Rioja Alta. Lo mismo ocurre con cualquier otro vino de cualquier región, en la que la uniformidad del producto final es fundamental. No obstante, no todas las denominaciones han tenido tanta suerte a la hora de establecer estas normas, así que puede haber ciertas diferencias al respecto.

Diferencias entre crianza y reserva

A la hora de conocer estos productos, en relación al tiempo de procesamiento, hay un cierto acuerdo respecto de los tiempos que el vino debe pasar en este proceso de maduración para lograr su punto adecuado. Es importante saber que el proceso de crianza varía entre los vinos blancos y los vinos tintos, debido a sus particularidades concretas.

Si empezamos a hablar de la crianza, en lo que respecta a los vinos tintos, estos son aquellos que han pasado un proceso de envejecimiento mínimo de 24 meses en total. De estos dos años, al menos 6 meses han debido ser en barrica, siguiendo las líneas y directrices de la denominación de origen correspondiente En el caso de los vinos blancos y rosados, el tiempo de maduración se reduce a los 18 meses, estableciendo un periodo mínimo de seis meses en barrica. Cabe recordar que estas barricas deben ser de un máximo de 330 litros de capacidad.

Respecto de los vinos de reserva, en el caso de los tintos se alarga el proceso de envejecimiento hasta los 36 meses, con un mínimo de 12 meses de estancia en barrica. En cuanto al proceso de los vinos blancos y rosados, estos deben pasar un total de 24 meses de crianza, de los que seis de ellos deben transcurrir en las barricas que estamos comentando.

Finalmente, tenemos que hablar de los vinos de Gran Reserva, los que mayor tiempo pasan en almacenamiento hasta que salen al mercado. En este tipo de vinos, el tiempo se incrementa hasta los 60 meses de guarda y almacenamiento total, de los que al menos 18 de estos meses deberán pasar por barrica. Respecto de los blancos y rosados Gran Reserva, estos deben pasar 48 meses de envejecimiento, con al menos 6 meses de reposo en barrica.

Fuera de estos planteamientos quedan los llamados vinos jóvenes o vinos del año, que como su propio nombre indica son aquellos que no tienen periodo de maduración alguno. Estos vinos no requieren un tiempo específico de crianza y, a lo sumo, son vinos que han pasado por barrica seis meses o menos.

La particularidad de la región de Rioja

Cuando se trata de buscar el mejor vino de España, son muchos los que apuestan por vinos de Rioja. Algo que se percibe en detalles como los tiempos de envejecimiento y crianza de estos vinos, que cambian los tiempos de esta maduración y también el proceso. Como ejemplo, frente a las barricas de los vinos convencionales, los vinos de Rioja se envejecen en la barrica bordelesa, propia de la región de Burdeos y de 225 litros de capacidad. Así pues, cuando se trata de un  vino de Rioja Reserva o Crianza este tiene características diferentes a los vinos convencionales.

Estos tiempos varían  en todos los tipos de vino que estamos comentando, de modo que los vinos Crianza de Rioja tienen un periodo de envejecimiento mínimo de 36 meses, de los que al menos un año debe ser en barrica, para los tintos. Si se trata de blancos y rosados, este tiempo deberá ser de al menos 2 años o más, con un tiempo de estancia en barrica de 6 meses como mínimo. En cuanto a los reserva, los tiempos son de 36 meses en general y 1 año en barrica para los tintos, así como 2 años o más y seis meses en barrica para los blancos y rosados.

Finalmente, respecto de la Gran Reserva, este debe tener dos años de envejecimiento en barrica y 3 en botella para los tintos, mientras que para los blancos y rosados el envejecimiento debe ser de al menos 4 años, con 6 meses de estancia en barrica. Como vemos, los tiempos son mayores a los vinos generales, lo que explica la mayor riqueza de matices y sabores propia de estos caldos.

 

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Filoxera, la peste invisible

 

Aunque hoy día la filoxera es un problema que raramente causa inconvenientes en el campo a la hora de cultivar uva, lo cierto es que hubo un tiempo cuando esta plaga invisible estuvo a punto de terminar con la producción de vino en España y en Europa.

 

Todos sabemos el significado de la vid cuanto se trata de obtener el mejor vino blanco, tinto o rosado. Esa uva define el carácter, el sabor o el olor del vino, en un planteamiento en el que poco se puede hacer mediante la crianza o la mezcla de uvas si el producto de base no es de la calidad adecuada o de las variedades correctas. Por eso, el cuidado de la uva es la base para obtener un vino de calidad.

Precisamente por eso es tan importante mimar a la planta en todos los aspectos. Algo que cubre el riego, la poda, los insertos y también la protección de la vid frente a las enfermedades y las plagas. Una amenaza, esta última, que a punto estuvo de acabar con toda la tradición vinícola europea a causa de un peligrosísimo invasor: la filoxera de la vid.

Qué es la filoxera

La filoxera, o Phylloxera Vastatrix, es un insecto hemíptero homóptero, que podemos denominar de manera más común como un pulgón. Esta plaga invade las vides en un ciclo que afecta por completo a la planta y las destruye por completo, especialmente considerando la forma en que la misma prolifera. Un proceso en el que no hace distinción, puesto que la misma ataca a las vides destinadas a elaborar vino blanco o tinto de manera indistinta. Así que su influencia es gravísima cuando se trata de un contexto donde la vid y su significado son claves para obtener un resultado adecuado a lo esperable a la hora de conseguir un buen vino.

Por una parte, el pulgón se dedica a alimentarse de los nutrientes presentes en las raíces de la planta, una vez infectada esta, donde se produce el desarrollo de las hembras. Una vez que las hembras llegan a la edad adulta, estas ponen sus huevos en las hojas de la planta, presentando las mismas una serie de bultos muy identificables y en donde se alojan las futuras crías. Durante todo este proceso, el pulgón se alimenta de la planta, provocando también un incremento notable en la presencia de hongos y otros parásitos en la misma, lo que finalmente lleva a la irremediable muerte de la vid.

Por si fuera poco, la filoxera también cuenta con una modalidad alada, que pese a no ser muy común en su desarrollo sí tiene el inconveniente de que permite extender la plaga aún más lejos de lo que conseguiría hacerlo el pulgón moviéndose por el terreno. Un problema que se combina con la capacidad del pulgón de superar adecuadamente el invierno, recuperando su actividad con la llegada de la primavera, gracias a la particular estructura de los huevos que el pulgón inserta en las hojas.

 

La llegada de la filoxera a España

Para encontrar el origen de la filoxera en España, tenemos que viajar al pasado, hasta el año 1878. Fue en ese momento en el que se empezaron a percibir una serie de insectos que afectaban a los viñedos y que poco tenían que ver con las plagas de la vid que hasta entonces se conocían. Y es que el potencial de esta especie para infectar las viñas de carácter europeo era considerable.

Esta enfermedad de la vid no se conocía ni en España ni Europa, pues no era propia de la zona, sino que llegó mediante la importación de plantones y sarmientos de vides americanas. Estas plantas incluían a este insecto, que no tardaría demasiado en extenderse a las vides europeas, cuyas características eran idóneas para la proliferación de la filoxera.

La magnitud del problema fue tan considerable que numerosas zonas vinícolas estuvieron a punto de desaparecer, perdiéndose además gran cantidad de variedades autóctonas tanto en España como en Europa. Este problema tardaría bastante en erradicarse por completo del país, de modo que algunas regiones mantuvieron los problemas con la plaga hasta 1920, casi cuarenta años después de que los primeros casos aparecieran.

Finalmente, al igual que ocurrió con el problema, la solución también llegaría desde el otro lado del charco. Tras muchas discusiones sobre cómo resolver el problema en cada zona vinícola afectada, finalmente la mayoría optaría por traer nuevos plantones americanos, más resistentes al insecto, que combinados con los conocimientos sobre cómo injertar una parra permitirán crear una suerte de mezcla entre vides americanas y tradicionales. Una idea que ayudó a salvar las variedades locales que pudieron sobrevivir a este ataque y que al tiempo sirvió para obtener nuevas versiones reforzadas frente a este temible ataque.

La filoxera hoy

Hoy día, la temible filoxera ya no es una amenaza para los vinos españoles gracias a diferentes medidas tomadas al respecto. Una de las principales es la prohibición por parte del estado de la importación de cualquier tipo de vid extranjera, salvo con fines de investigación. Por tanto, la importación indiscriminada de vides que en su día provocaron la llegada de esta plaga no sería posible en nuestros días.

Otra medida que actualmente se sigue utilizando es usar el plantón de base de la vid americana, que a diferencia de la base de tipo europeo sí tiene la resistencia necesaria como para soportar adecuadamente el efecto de la filoxera en las raíces. De hecho, hoy día se sigue empleando la técnica de injertos de plantas de corte europeo sobre esas bases llegadas de América.

Esto dejaría abierto para esta temible plaga las hojas de las plantas de corte europeo. Por fortuna, también existen tratamientos específicos con los que evitar el desarrollo de los huevos que las hembras del pulgón pudieran insertar en las hojas. Dado que los mismos resultan bastante llamativos, no es difícil identificar la planta infectada, disponiendo de tratamientos de invierno/ primavera. Estos se encargan de eliminar esos huevos e impiden la proliferación de la plaga. Un planteamiento que ha convertido a la filoxera en un mal recuerdo del pasado.

 

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Conoce al vino más caro del mundo

 

Todos hemos visto en el cine y la televisión botellas de vino legendarias, que valen tanto como un coche o una casa. Algunos de estos vinos forman parte de colecciones exclusivas y casi todos están fuera del alcance de los bolsillos normales. Hoy haremos un repaso a los vinos más caros del mundo.

 

Habitualmente, los precios de los vinos están pensados para todos los bolsillos. Es una bebida común, con muchas propiedades para la salud y, gracias a que existe una gran producción en todo el mundo, es posible conseguir una botella del mejor vino tinto del momento a un precio muy asequible.

Sin embargo, los precios de vinos pueden ir desde unos cuantos euros, hasta una cantidad exorbitante. En tal sentido, todos hemos oído hablar de una botella de vino que cuesta tanto como un coche. Estos vinos caros proceden de cosechas excepcionales y suelen tener unos precios prohibitivos. Los verdaderos amantes de los vinos invierten su dinero en estas botellas, ya que se revalorizan con el tiempo y, además, el vino se ha convertido en un objeto de coleccionismo, como lo es el arte o los juguetes antiguos. 

Los vinos más caros del mundo suelen ser piezas únicas, producto de la unión del conocimiento centenario sobre la elaboración del vino, unas condiciones climáticas y del terreno especiales. Por ejemplo, un año en el que la temperatura y las precipitaciones hayan sido especialmente buenas para el crecimiento y la maduración de la uva, y de una cepa de uva especialmente buena. Esto produce una alquimia única, cuyo resultado es un caldo excepcional y cuyo precio sobrepasa lo imaginable.

Para que te hagas una idea de los precios que pueden alcanzar estas botellas, a continuación, compartimos una lista con algunos de los vinos más caros del mundo.

 

Cheval Blanc

En 2010, la casa de subastas suiza, Christie’s, subastó una botella de Château Cheval Blanc Imperial de 1947 por 224.598 euros, lo que lo convierte una opción para el trono del vino más caro del mundo. Se trata, según las opiniones de los expertos, de uno de los mejores vinos Burdeos de la historia. Gracias a su calidad excepcional, este vino se puede disfrutar a pesar de haber cumplido más de cincuenta años, algo que no todos los vinos son capaces de soportar.

 

Aurum Red

El vino más caro de España se elabora en Pedroñeras, una pequeña localidad de Cuenca, en Castilla La Mancha. La edición “oro” de este vino, cuya botella tiene una capacidad de 16 litros y ha sido diseñada por el artista Alberto Rodríguez Serrano, cuesta entre los 17.000 y los 25.000 euros. Sin embargo, han llegado a pagarse hasta 340.000 euros por una edición especial, la que podría ser la botella de vino más cara del mundo y que lo convierte en uno de los vinos más caros del mundo. 

Se trata de un vino muy fino, que no se avinagra al estar abierto, y que tiene aromas dulces que recuerdan al pan de higo, así como un sabor muy afrutado y de paladar dulzón, con recuerdos de cacao.

 

Domaine de La Romanée-Conti

Cada botella de vino de Borgoña Domaine de La Romanée-Conti cuesta 15.000 euros. Este vino es el fruto del saber hacer de la familia Leroy/Roch y Villaine, cuyos viñedos datan de 1232, cuando el Abad Saint Vivant compró las dos primeras hectáreas de terreno.

Se trata de un vino exclusivo, ya que solo se comercializan 6000 botellas cada año, siendo su escasez uno de los motivos principales de su precio. Por si fuera poco, es un vino que soporta muy bien el paso del tiempo, gracias al equilibrio casi perfecto entre sabor y acidez.

Château Lafite

Los vinos de la zona de Médoc, al noroeste de Burdeos, también conocidos como Primer Cru, están considerados como unos de los grandes vinos tintos del mundo. Le Château Lafite Rothschild es uno de ellos. La botella más cara, de la cosecha de 1787, se vendió en 1985 en una subasta en Londres y su precio fue de nada más y nada menos que de 160.000 dólares. 

En este caso, el precio no se debía solo a la excepcional calidad del vino, sino a que la botella llevaba grabadas las iniciales de Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, ya que formó parte de su colección particular.

 

Egon Müller Scharzhofberger Riesling Trockenbeerenauslese

Este vino blanco y dulce, de nombre impronunciable, fue elaborado por Egon Müller, con uvas de la región del Bajo Saar. Aunque el precio de estas botellas suele rondar los 11.000 dólares, una cantidad nada despreciable, se han llegado a pagar hasta 35.000 euros por una botella.

Se trata de un vino exclusivo, que se elabora con uvas seleccionadas a mano, totalmente deshidratadas y pasificadas, lo que origina un vino muy dulce y de producción limitada a unos pocos cientos de botellas.

 

Penfolds

El Block 42 de 2004 de Penfolds es un vino elaborado con uvas Cabernet Sauvignon de la zona del valle Barossa, cerca de la ciudad australiana de Adelaida. Esta zona vinícola tiene una tradición que se remonta hasta mediados de 1800.

Aunque no es una zona tradicionalmente apreciada, estas botellas pueden alcanzar los 168.000 dólares de precio, debido a diversos factores. El primero es que las botellas están diseñadas por los artistas Nick Mount y Ray Laerke, y el segundo es que solo se venden 12 botellas cada diez años.

 

Heidsieck

Una botella de champagne Heidsieck de 1907 fue vendida por 275.000 dólares en una subasta. La razón del precio es que estaba destinada para las bodegas del último zar de Rusia, Nicolás II.

Estas botellas, son conocidas como “Shipwrecked”, ya que fueron rescatadas del fondo del mar en 1997, pues el barco en el que eran transportadas naufragó en 1916 al ser alcanzado por los torpedos de un submarino alemán durante la Primera Guerra Mundial.

Cabernet Sauvignon S. Eagle

Este Cabernet Sauvignon elaborado en California en 1992 tiene un color púrpura opaco, casi negro, y un inconfundible aroma de mermelada de grosellas negras. En el año 2000 se convirtió en uno de los vinos más caros del mundo cuando se pagaron 500.000 dólares por una botella.

 

Château D’Yquem

Considerado uno de los mejores vinos blancos dulces del mundo, se llegaron a pagar 87.000 euros por una botella de 1811, considerada como la mejor añada de Château D’Yquem. 

Las uvas de la variedad Semillón contienen más azúcares, lo que produce una fermentación noble. Además, el proceso de elaboración requiere unas condiciones climáticas muy especiales, por lo que su producción no siempre es posible. 

Entre todos estos vinos, hemos visto algunas de las botellas más caras del mundo. Muchas de ellas, son de coste más elevado que el Vega Sicilia de precio más caro del mercado. Como hemos visto, muchas personas aprecian esta bebida hasta el punto de gastar miles de euros en un vino caro.

 

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Bebidas fermentadas

¿Qué es la vid?

 

La vid es una planta trepadora de la familia de las vitáceas. Es una planta leñosa y herbácea originaria de Asia, que hoy en día se cultiva en todo el mundo, sobre todo en regiones templadas, ya que de ella se obtiene la uva, el principal ingrediente del vino.

 

Los verdaderos amantes del mejor vino tinto son aquellos que también conocen todo sobre las vides. El árbol de uva es, en realidad, una parra, planta de tipo herbácea de tronco leñoso y ramas trepadoras, las hojas de vid son anchas y palmeadas que, durante su crecimiento, tienen forma de espiral y a las que se llama pámpanos. Forma parte de las plantas de la familia “Vitis Vinifera” y de su fruto, la uva, se elaboran todos los tipos de vino.

El significado de vid, viene dado por la organización de estas plantas. El nombre deriva de “viñedo”, que es la denominación que se le da al grupo de vides dedicadas a la elaboración de vinos, dentro de una finca o parcela.

 

¿Cómo es la viña?

La planta de la uva lleva con el ser humano desde la prehistoria, concretamente desde el Paleolítico, y su cultivo comenzó en Asia, desde donde se extendió por toda Europa y, siglos más tarde, pasó al continente americano. La vid suele crecer mejor en terrenos cálidos o templados, aunque algunos grupos de vid, también crecen en lugares más fríos, como sería el caso de la Riesling o la Viognier.

Para llegar a comprender a fondo el vino es necesario entender la vid, ya que solo si somos capaces de conocer la uva y las diferentes partes de la vid, podremos apreciar y comprender los diferentes procesos necesarios para la elaboración del vino y para conocer su origen, algo fundamental para diferenciar el buen vino y disfrutar de estas bebidas.

Lo primero que llama la atención de la vid es que, a diferencia de otras especies frutales, no es un árbol. Tampoco es una planta, en estricto sentido, ya que tiene un tronco leñoso bien definido. Sin embargo, este tronco no crece en alto, sino que se sirve de un “tutor”. Es decir, una superficie estable sobre la que sus hojas y tallos se enredan para crecer. Por este motivo, es mucho más acertado decir que se trata de una parra, planta que crece “trepando” sobre una superficie.

El ciclo de vida de la vid

La vid tiene un ciclo de vida muy marcado. En invierno, la hoja de vid se seca y cae, dejando la planta con un aspecto mortecino y avejentado. Sin embargo, debajo de la gruesa corteza, la savia sigue fluyendo y, cuando llega la primavera, los pámpanos comienzan a brotar de nuevo, reviviendo en pocas semanas y creando un follaje vivo y muy vistoso. Al poco tiempo, aparecen los primeros rastros de la flor de la vid, de la que nacerán las uvas.

Las cepas de vid, incluso las salvajes, pueden llegar a vivir más de un siglo. Sin embargo, a medida que se hacen viejas, ofrecen menos frutos, aunque estos son de mejor calidad, ya que los granos son más pequeños, con menos agua y una mayor concentración de azúcares y otras sustancias, que otorgan al vino una calidad organoléptica excepcional. Esto se debe a que, a medida que crecen, las raíces se hunden más profundamente en la tierra, llegando al subsuelo y aprovechando mejor sus recursos minerales.

A pesar de que las vides más viejas son las que ofrecen mejores frutos, para la elaboración de los mejores vinos no se suelen utilizar viñas de más de 40 o 50 años, ya que a partir de esta edad, la producción de uva es demasiado baja y no resulta rentable para las bodegas. Por otro lado, tampoco se utilizan viñas con menos de 5 años para la elaboración de vinos, ya que hasta los 6 años las raíces todavía están en formación y la planta no ha creado su sistema radicular, por lo que las uvas todavía no tienen la cantidad de azúcares y la calidad necesarias para la elaboración del vino.

El crecimiento de la vid se ve afectado por muchos factores, tanto climáticos, como de crianza. De esta forma, la composición química del suelo, el clima de la zona, la exposición al sol e incluso la competencia con otras vides por los recursos del suelo, pueden afectar a su crecimiento. Esto, a su vez, afecta a la calidad y propiedades del vino, por lo que el origen y la características de la uva son factores decisivos en la calidad final del vino.

Las partes de la viña

Entre las partes de la vid, encontramos en primer lugar el tronco, retorcido y con una corteza característica, formada por filamentos. Aunque estamos acostumbrados a ver los troncos de las vides con un tamaño corto, en realidad pueden llegar a crecer varios metros de altura. Sin embargo, para su cultivo y recogida, se limita este crecimiento.

Por otro lado, la vid también cuenta con ramas, llamadas sarmientos, que son flexibles y se dividen en nudos, cada uno de ellos provisto de zarcillos que se enredan y permiten que la planta pueda trepar hacia arriba para buscar el sol.

Las hojas, también llamadas pámpanos, aparecen siempre en el lado opuesto a los zarcillos, son anchas y tienen forma de palma de mano, con una parte superior lisa y otra ligeramente vellosa. Las flores de la vid son poco vistosas, pequeñas, de color verde y sin aroma. Nacen en racimos y tienen forma de estrella, con cinco pétalos cada una.

De estos racimos de flores nacen las uvas, que son frutos muy jugosos de piel oscura o clara dependiendo de la variedad. Entre las partes de la uva cabe destacar la pruína, una sustancia que recubre su piel y  que las hace impermeables. Aunque la mayoría de las variedades tienen cuatro semillas, los agricultores han aprendido cómo injertar una parra, lo que mediante cruces, produce uvas sin pepitas.

Sabiendo todo esto sobre la parra de uva, es más sencillo comprender lo compleja que es la elaboración del vino.