Filoxera, la peste invisible

Última actualización: 28.11.20

 

Aunque hoy día la filoxera es un problema que raramente causa inconvenientes en el campo a la hora de cultivar uva, lo cierto es que hubo un tiempo cuando esta plaga invisible estuvo a punto de terminar con la producción de vino en España y en Europa.

 

Todos sabemos el significado de la vid cuanto se trata de obtener el mejor vino blanco, tinto o rosado. Esa uva define el carácter, el sabor o el olor del vino, en un planteamiento en el que poco se puede hacer mediante la crianza o la mezcla de uvas si el producto de base no es de la calidad adecuada o de las variedades correctas. Por eso, el cuidado de la uva es la base para obtener un vino de calidad.

Precisamente por eso es tan importante mimar a la planta en todos los aspectos. Algo que cubre el riego, la poda, los insertos y también la protección de la vid frente a las enfermedades y las plagas. Una amenaza, esta última, que a punto estuvo de acabar con toda la tradición vinícola europea a causa de un peligrosísimo invasor: la filoxera de la vid.

Qué es la filoxera

La filoxera, o Phylloxera Vastatrix, es un insecto hemíptero homóptero, que podemos denominar de manera más común como un pulgón. Esta plaga invade las vides en un ciclo que afecta por completo a la planta y las destruye por completo, especialmente considerando la forma en que la misma prolifera. Un proceso en el que no hace distinción, puesto que la misma ataca a las vides destinadas a elaborar vino blanco o tinto de manera indistinta. Así que su influencia es gravísima cuando se trata de un contexto donde la vid y su significado son claves para obtener un resultado adecuado a lo esperable a la hora de conseguir un buen vino.

Por una parte, el pulgón se dedica a alimentarse de los nutrientes presentes en las raíces de la planta, una vez infectada esta, donde se produce el desarrollo de las hembras. Una vez que las hembras llegan a la edad adulta, estas ponen sus huevos en las hojas de la planta, presentando las mismas una serie de bultos muy identificables y en donde se alojan las futuras crías. Durante todo este proceso, el pulgón se alimenta de la planta, provocando también un incremento notable en la presencia de hongos y otros parásitos en la misma, lo que finalmente lleva a la irremediable muerte de la vid.

Por si fuera poco, la filoxera también cuenta con una modalidad alada, que pese a no ser muy común en su desarrollo sí tiene el inconveniente de que permite extender la plaga aún más lejos de lo que conseguiría hacerlo el pulgón moviéndose por el terreno. Un problema que se combina con la capacidad del pulgón de superar adecuadamente el invierno, recuperando su actividad con la llegada de la primavera, gracias a la particular estructura de los huevos que el pulgón inserta en las hojas.

 

La llegada de la filoxera a España

Para encontrar el origen de la filoxera en España, tenemos que viajar al pasado, hasta el año 1878. Fue en ese momento en el que se empezaron a percibir una serie de insectos que afectaban a los viñedos y que poco tenían que ver con las plagas de la vid que hasta entonces se conocían. Y es que el potencial de esta especie para infectar las viñas de carácter europeo era considerable.

Esta enfermedad de la vid no se conocía ni en España ni Europa, pues no era propia de la zona, sino que llegó mediante la importación de plantones y sarmientos de vides americanas. Estas plantas incluían a este insecto, que no tardaría demasiado en extenderse a las vides europeas, cuyas características eran idóneas para la proliferación de la filoxera.

La magnitud del problema fue tan considerable que numerosas zonas vinícolas estuvieron a punto de desaparecer, perdiéndose además gran cantidad de variedades autóctonas tanto en España como en Europa. Este problema tardaría bastante en erradicarse por completo del país, de modo que algunas regiones mantuvieron los problemas con la plaga hasta 1920, casi cuarenta años después de que los primeros casos aparecieran.

Finalmente, al igual que ocurrió con el problema, la solución también llegaría desde el otro lado del charco. Tras muchas discusiones sobre cómo resolver el problema en cada zona vinícola afectada, finalmente la mayoría optaría por traer nuevos plantones americanos, más resistentes al insecto, que combinados con los conocimientos sobre cómo injertar una parra permitirán crear una suerte de mezcla entre vides americanas y tradicionales. Una idea que ayudó a salvar las variedades locales que pudieron sobrevivir a este ataque y que al tiempo sirvió para obtener nuevas versiones reforzadas frente a este temible ataque.

La filoxera hoy

Hoy día, la temible filoxera ya no es una amenaza para los vinos españoles gracias a diferentes medidas tomadas al respecto. Una de las principales es la prohibición por parte del estado de la importación de cualquier tipo de vid extranjera, salvo con fines de investigación. Por tanto, la importación indiscriminada de vides que en su día provocaron la llegada de esta plaga no sería posible en nuestros días.

Otra medida que actualmente se sigue utilizando es usar el plantón de base de la vid americana, que a diferencia de la base de tipo europeo sí tiene la resistencia necesaria como para soportar adecuadamente el efecto de la filoxera en las raíces. De hecho, hoy día se sigue empleando la técnica de injertos de plantas de corte europeo sobre esas bases llegadas de América.

Esto dejaría abierto para esta temible plaga las hojas de las plantas de corte europeo. Por fortuna, también existen tratamientos específicos con los que evitar el desarrollo de los huevos que las hembras del pulgón pudieran insertar en las hojas. Dado que los mismos resultan bastante llamativos, no es difícil identificar la planta infectada, disponiendo de tratamientos de invierno/ primavera. Estos se encargan de eliminar esos huevos e impiden la proliferación de la plaga. Un planteamiento que ha convertido a la filoxera en un mal recuerdo del pasado.

 

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