Maridaje de vinos: recomendaciones para cada alimento

Última actualización: 28.11.20

 

El maridaje de vinos es casi un arte. Las comidas se disfrutan mejor con vino, pero hay que saber escoger qué vino es el más adecuado para acompañar a los diferentes platos. Cada sabor requiere un tipo de vino y acertar, no siempre es tan fácil como parece.

 

Todo el mundo conoce las fórmulas básicas del maridaje que no son más que los típicos: “el vino tinto marida con la carne y el blanco con el pescado”. Sin embargo, los platos modernos ofrecen un abanico enorme de sabores y aromas, por lo que esta forma tradicional de maridar los vinos no siempre es la más adecuada. Hoy en día, maridar es complejo y no solo por los nuevos sabores y preparaciones, sino también por la enorme oferta de vinos nuevos, con sabores diferentes que existen.

 

¿Qué es maridaje?

Básicamente se trata de unir platos y sabores con vinos. En pocas palabras, los platos de sabor fuerte como las carnes o las salsas, suelen maridar bien con vinos fuertes y con cuerpo. En cambio, los platos ligeros como las ensaladas, los entrantes y los pescados, maridan bien con vinos ligeros, como el blanco o el rosado. 

Sin embargo, esta fórmula no está escrita en piedra y no siempre los vinos tintos serían los más recomendables para un plato de carne. En gran parte, el maridaje es una cuestión de gustos y escoger el vino que acompaña a la lista de comida de un menú dependerá mucho del gusto de cada comensal, así como de la preparación de los platos.

Maridar con vinos se ha convertido cada vez más en un proceso experimental, en el que pueden utilizarse vinos blancos para la carne o vinos secos para el postre. Sin embargo, hay algunos consejos que se pueden seguir para escoger los vinos que mejor maridan con las comidas.

Escoger el menú

Para entender qué es el maridaje en un restaurante, hay que pensar en todos los elementos que componen un menú, teniendo en cuenta que todos los platos formarán parte de una experiencia global, pues cada plato tendrá unos sabores y aromas únicos.

De la misma forma que un menú no puede servir tres platos fuertes seguidos, tampoco se debería servir un vino fuerte con un plato ligero, ya que de hacerlo el siguiente vino resultaría insípido. 

Por este motivo, los sumilleres ordenan los vinos en función de los platos que se sirven en el menú. Habitualmente, se empieza con vinos rosados o blancos para los entrantes y, desde aquí, se empieza con un maridaje de vinos tintos cada vez más maduros, hasta el postre que se marida con vinos dulces como los Pedro Ximénez.

 

Peso y equilibrio

Para disfrutar de una cena maridaje, es necesario encontrar el equilibrio de los vinos y las comidas. En este sentido, se debe conocer el peso de las comidas, que se define en función de las materias primas utilizadas para la elaboración de cada plato, así como la cantidad de grasas que lleva, la intensidad de los sabores y los diferentes elementos que lo componen, así como su “pesadez”, es decir lo difícil de digerir que resulta el plato.

El peso de los platos es algo complicado, pero es necesario entenderlo. Por ejemplo, un asado de carne con salsa será mucho más pesado que una ensalada o un plato de marisco. 

Los vinos también tienen un peso, en este caso determinado por el cuerpo y la intensidad de su sabor, que se define por su contenido alcohólico, así como el tipo de uvas utilizadas para su fabricación, el tiempo de maduración, el contenido de taninos y hasta la Denominación de Origen o la región donde se elaboró.

En este sentido, los sumilleres señalan que los vinos blancos jóvenes son los más ligeros, seguidos de los blancos y los blancos con crianza. Los vinos rosados también son ligeros, en algunos casos incluso más que los blancos. En los vinos tintos, lo más ligeros son los jóvenes o del año, seguidos por los de crianza, reserva y, por último, los gran reserva. Los vinos dulces son los más pesados y, por tanto, quedan reservados para los postres.

Para encontrar el equilibrio entre el plato y el vino, lo ideal es maridar vinos que tengan un peso similar. Por tanto, las ensaladas y los entrantes maridan bien con blancos jóvenes, mientras que los pescados y los mariscos lo hacen con vinos blancos de más cuerpo. Para quesos y carnes blancas, podemos maridar un vino blanco de crianza o incluso un vino rosado. Los vinos tintos son adecuados para carnes a la brasa, asados o quesos curados y guisos de carnes rojas.

El contraste y la asociación

Hoy en día, una cena de maridaje puede ser un buen espacio para la experimentación. Por ejemplo, podemos maridar el vino por contraste, escogiendo vinos ligeros para platos fuertes y viceversa. 

Por ejemplo, se podría maridar un plato de contenido muy picante con un vino seco blanco, que ofrece una sensación de frescor que puede ser muy agradable. Otro ejemplo sería el de servir quesos de sabor fuerte como un queso azul con vinos dulces, lo que potencia el sabor potente del queso.

La asociación sería justamente lo contrario. Maridando un vino blanco con un plato de marisco que complemente su sabor. Los vinos se pueden asociar gracias a una amplia variedad de factores como el color, la textura, el sabor o la temperatura. La temperatura sería la asociación entre un plato de marisco fresco y un vino blanco joven, que se serviría en frío.

Por último, no hay que olvidar que el maridaje de vino no deja de ser una cuestión de gustos, por lo que siempre dependerá de nuestra experiencia. Escoge un vino del que disfrutes y que te guste, y seguro que no fallarás en el maridaje.

 

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