¿Qué es la vid?

Última actualización: 28.11.20

 

La vid es una planta trepadora de la familia de las vitáceas. Es una planta leñosa y herbácea originaria de Asia, que hoy en día se cultiva en todo el mundo, sobre todo en regiones templadas, ya que de ella se obtiene la uva, el principal ingrediente del vino.

 

Los verdaderos amantes del mejor vino tinto son aquellos que también conocen todo sobre las vides. El árbol de uva es, en realidad, una parra, planta de tipo herbácea de tronco leñoso y ramas trepadoras, las hojas de vid son anchas y palmeadas que, durante su crecimiento, tienen forma de espiral y a las que se llama pámpanos. Forma parte de las plantas de la familia “Vitis Vinifera” y de su fruto, la uva, se elaboran todos los tipos de vino.

El significado de vid, viene dado por la organización de estas plantas. El nombre deriva de “viñedo”, que es la denominación que se le da al grupo de vides dedicadas a la elaboración de vinos, dentro de una finca o parcela.

 

¿Cómo es la viña?

La planta de la uva lleva con el ser humano desde la prehistoria, concretamente desde el Paleolítico, y su cultivo comenzó en Asia, desde donde se extendió por toda Europa y, siglos más tarde, pasó al continente americano. La vid suele crecer mejor en terrenos cálidos o templados, aunque algunos grupos de vid, también crecen en lugares más fríos, como sería el caso de la Riesling o la Viognier.

Para llegar a comprender a fondo el vino es necesario entender la vid, ya que solo si somos capaces de conocer la uva y las diferentes partes de la vid, podremos apreciar y comprender los diferentes procesos necesarios para la elaboración del vino y para conocer su origen, algo fundamental para diferenciar el buen vino y disfrutar de estas bebidas.

Lo primero que llama la atención de la vid es que, a diferencia de otras especies frutales, no es un árbol. Tampoco es una planta, en estricto sentido, ya que tiene un tronco leñoso bien definido. Sin embargo, este tronco no crece en alto, sino que se sirve de un “tutor”. Es decir, una superficie estable sobre la que sus hojas y tallos se enredan para crecer. Por este motivo, es mucho más acertado decir que se trata de una parra, planta que crece “trepando” sobre una superficie.

El ciclo de vida de la vid

La vid tiene un ciclo de vida muy marcado. En invierno, la hoja de vid se seca y cae, dejando la planta con un aspecto mortecino y avejentado. Sin embargo, debajo de la gruesa corteza, la savia sigue fluyendo y, cuando llega la primavera, los pámpanos comienzan a brotar de nuevo, reviviendo en pocas semanas y creando un follaje vivo y muy vistoso. Al poco tiempo, aparecen los primeros rastros de la flor de la vid, de la que nacerán las uvas.

Las cepas de vid, incluso las salvajes, pueden llegar a vivir más de un siglo. Sin embargo, a medida que se hacen viejas, ofrecen menos frutos, aunque estos son de mejor calidad, ya que los granos son más pequeños, con menos agua y una mayor concentración de azúcares y otras sustancias, que otorgan al vino una calidad organoléptica excepcional. Esto se debe a que, a medida que crecen, las raíces se hunden más profundamente en la tierra, llegando al subsuelo y aprovechando mejor sus recursos minerales.

A pesar de que las vides más viejas son las que ofrecen mejores frutos, para la elaboración de los mejores vinos no se suelen utilizar viñas de más de 40 o 50 años, ya que a partir de esta edad, la producción de uva es demasiado baja y no resulta rentable para las bodegas. Por otro lado, tampoco se utilizan viñas con menos de 5 años para la elaboración de vinos, ya que hasta los 6 años las raíces todavía están en formación y la planta no ha creado su sistema radicular, por lo que las uvas todavía no tienen la cantidad de azúcares y la calidad necesarias para la elaboración del vino.

El crecimiento de la vid se ve afectado por muchos factores, tanto climáticos, como de crianza. De esta forma, la composición química del suelo, el clima de la zona, la exposición al sol e incluso la competencia con otras vides por los recursos del suelo, pueden afectar a su crecimiento. Esto, a su vez, afecta a la calidad y propiedades del vino, por lo que el origen y la características de la uva son factores decisivos en la calidad final del vino.

Las partes de la viña

Entre las partes de la vid, encontramos en primer lugar el tronco, retorcido y con una corteza característica, formada por filamentos. Aunque estamos acostumbrados a ver los troncos de las vides con un tamaño corto, en realidad pueden llegar a crecer varios metros de altura. Sin embargo, para su cultivo y recogida, se limita este crecimiento.

Por otro lado, la vid también cuenta con ramas, llamadas sarmientos, que son flexibles y se dividen en nudos, cada uno de ellos provisto de zarcillos que se enredan y permiten que la planta pueda trepar hacia arriba para buscar el sol.

Las hojas, también llamadas pámpanos, aparecen siempre en el lado opuesto a los zarcillos, son anchas y tienen forma de palma de mano, con una parte superior lisa y otra ligeramente vellosa. Las flores de la vid son poco vistosas, pequeñas, de color verde y sin aroma. Nacen en racimos y tienen forma de estrella, con cinco pétalos cada una.

De estos racimos de flores nacen las uvas, que son frutos muy jugosos de piel oscura o clara dependiendo de la variedad. Entre las partes de la uva cabe destacar la pruína, una sustancia que recubre su piel y  que las hace impermeables. Aunque la mayoría de las variedades tienen cuatro semillas, los agricultores han aprendido cómo injertar una parra, lo que mediante cruces, produce uvas sin pepitas.

Sabiendo todo esto sobre la parra de uva, es más sencillo comprender lo compleja que es la elaboración del vino.

 

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