San Arnulfo: Santo Patrono de la cerveza

Última actualización: 24.09.21

 

Como no podía ser de otra forma, los cerveceros también cuentan con su propio santo patrón. En este caso, se trata de San Arnulfo y, aunque pueda parecer raro o contradictorio que los cerveceros tengan su propio santo, cuando la iglesia predica contra los excesos, hay que recordar que las primeras cervezas se elaboraban en los monasterios.

 

Según el santoral el día 18 de julio se celebra San Arnulfo, que es el santo patrón de la cerveza y de los cerveceros. El santo falleció un 18 de julio del año 640, por lo que ese día todos los cerveceros del mundo están de celebración. Al santo se le conoce también como San Arnulfo de Metz o San Arnulfo de Soissons.

Aunque puede parecer extraño que la iglesia cristiana, que suele predicar contra los excesos y que habitualmente tacha el alcohol como algo diabólico o nocivo para el alma, dedique un santo a los cerveceros. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no siempre fue así, ya que en la Edad Media la cerveza, el vino y los licores se elaboraban en los monasterios de toda Europa y de parte de Asia.

De hecho, dentro del Rituale Romanum, el capítulo 8 está dedicado a la bendición de la cerveza y de los cerveceros. En este capítulo, que lleva por título Benedicto Cerevisiae, se pide a Dios que bendiga a la cerveza y al cervecero con palabras como: “Bendice esta cerveza criatura, que te has dignado a producir con el mejor grano; que sea un remedio saludable para la raza humana…”.

De hecho, en aquella época, tanto la cerveza como otros licores que se elaboraban en las abadías y monasterios como el de Soissons, se dedicaban principalmente a curar enfermedades. 

¿Quién era San Arnulfo?

Se cree que San Arnulfo nació en el año 582 en la localidad francesa de Austrasia. Como hijo de una familia adinerada, fue enviado a servir en la corte del rey Teodoberto II. Allí, bajo la protección de Gondulfo, el regidor del palacio, aprendió mucho sobre política y guerra, lo que le valió entrar en la lista de oficiales reales, llegando a ser uno de los principales ministros de la corona, así como un renombrado comandante, que participó en la batalla de Soissons, y un gran administrador civil.

Más tarde se casó con una mujer noble, Doda, con la que tuvo dos hijos, Ansegis y Clodulfo. Sin embargo, las aspiraciones de Arnulfo estaban lejos de la vida terrenal y dedicaba muchas horas al estudio, la meditación y el pensamiento religioso. Tanto era así que, años después, junto a su fiel amigo Romarico, planificó su retiro en la abadía de Lérins.

Fue de esta forma como en 612, con 32 años, Arnulfo se convirtió en obispo de Metz. Desde esta posición, Arnulfo demostró una ejemplaridad que le valió la fama de hombre santo y sabio. 

En esta época, era habitual que las fuentes de agua de las que bebía la gente estuvieran contaminadas. Esto se debía a que los brotes de “peste” eran habituales y provocaban que animales y personas murieran, y sus cadáveres cayeran a los pozos y cursos de agua, envenenandolos. 

San Arnulfo dedicó gran parte de sus esfuerzos a prevenir a la gente de la época y a los miembros de su iglesia sobre los peligros de beber agua contaminada, pidiendo a sus feligreses beber en su lugar cerveza, que tenía propiedades antibacterianas.

Tras quince años como obispo, Arnulfo se retiró a la abadía de Remiremont, en Francia, donde murió el 18 de julio del año 640.

¿Por qué es el patrón de los cerveceros?

Más allá de su insistencia en el consumo de cerveza, San Arnulfo es patrón de los cerveceros debido a uno de sus milagros más conocidos. 

Un año después de su muerte, los ciudadanos de Metz pidieron que se exhumara el cuerpo y que fuera trasladado desde Remiremont a Metz, para ser enterrado en la iglesia local donde había predicado tantas veces las virtudes de la cerveza.

La solicitud fue escuchada y el cuerpo exhumado. Sin embargo, los medios de la época no eran los mejores y el viaje entre los dos lugares era largo y duro. Además, aquel fue una año especialmente caluroso, por lo que la procesión de feligreses decidió detenerse en Champigneulles para descansar.

Por desgracia para ellos, en la taberna local solo quedaba un tarro de cerveza, lo que era del todo insuficiente para aplacar la sed del cortejo fúnebre que acompañaba al santo. En ese momento, uno de los feligreses exclamó: “El beato Arnulfo nos proveerá lo que falte”, y desde ese momento, la jarra nunca se terminó, de forma que todos pudieron beber cuanto quisieron de ella.

Este es el llamado “milagro de la cerveza” y el motivo por el que, tanto la iglesia católica como la ortodoxa, designaron a San Arnulfo como el patrón de los fabricantes de cerveza.

Sin embargo, este no había sido su primer milagro. Muchos años antes de morir, cuando todavía era obispo de Metz, cansado de las guerras y atormentado por sus pecados, lanzó su anillo de obispo al río, pidiendo a Dios que se lo devolviera solo si le perdonaba por sus pecados. Años más tarde, un pescador llevó un pescado a la cocina del obispo y dentro del mismo encontraron su anillo.

Otro milagro tuvo lugar cuando San Arnulfo quiso dejar de ser obispo. En ese instante se produjo un gran incendio en los sótanos del Palacio Real, que parecía que se iba a extender por toda la ciudad. Sin embargo, el santo se pudo enfrente y exclamó: “Si Dios pretende que me consuma, estoy en sus manos”, y en ese momento el fuego se extinguió, salvando la ciudad y el palacio.

Todos estos milagros le valieron entrar en la lista de patrón y santos. Por eso, el 18 de julio el santoral cristiano celebra el día de San Arnulfo, santo protector de los cerveceros.

 

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