La espuma de cerveza y su importancia

Última actualización: 24.09.21

 

Igual que en un jardín siempre suele haber flores, en nuestra cerveza siempre debería haber espuma. Un elemento muy importante que conviene conocer y al que no siempre le prestamos la atención debida.

 

Igual que junto a tu cerveza nunca debería faltar la tapa, lo cierto es que en su interior tampoco debería faltar la espuma. Una parte ligada a esta bebida que tiene una importancia que va más allá de lo estético, contando con una función práctica muy interesante. Para que sepas todo lo necesario al respecto, analizamos esta espuma, su origen y cómo conseguir que tu cerveza quede adecuadamente coronada.

Lo primero que debemos saber es cómo se llama la espuma de la cerveza, dado que su nombre va más allá de lo meramente etimológico. El nombre preciso de esa espuma es giste, que en alemán significa corona. Un nombre que no es casual, dado que esta espuma es la que corona este líquido maravilloso.

 

Para qué sirve la espuma de la cerveza

Una vez que sabemos el nombre de la espuma de la cerveza, vamos a ver para qué sirve. En verdad, son tres funciones principales las que tiene: cosmética, protectora y sensorial.

Empezando por la cosmética, es obvio que una cerveza con dos dedos de espuma es mucho más atractiva que una que no los tenga o que la haya perdido. Algo que nos lleva a su segundo efecto, el protector. La espuma de la cerveza es buena para proteger el líquido que se encuentra en la parte inferior, evitando que este se oxide y ayudando a que el sabor y el aroma se mantengan por más tiempo.

El tercer efecto es el de las sensaciones y es similar al que genera la crema del café. La densidad de la cerveza y de su espuma genera un perfil en boca esponjoso, agradable y con una buena cremosidad, lo que es otro extra a la hora de disfrutar de esta bebida.

 

Cómo se forma la espuma

La formación de la espuma de la cerveza es variable, dependiendo del origen de la misma. En general, una vez que se añade la levadura a la cerveza y comienza el proceso de fermentación, empieza a aparecer el gas. Este procede de la digestión de los azúcares presentes en el mosto de la cerveza que, por acción de la levadura, se descomponen. De este proceso surge la gasificación natural y que tiene al dióxido de carbono generado en el proceso como protagonista. Este es el secreto de la cerveza artesanal y su espuma, que no suele recurrir a otro modo de gasificación.

Sin embargo, la gasificación más habitual se realiza de forma forzada durante el proceso de fabricación. El sistema más habitual es agregar dióxido de carbono a la mezcla durante la fermentación, que queda preso en el líquido. Esta fase tiene lugar antes del embotellado, a fin de impedir que la cerveza sin gas llegue al cliente. En el caso de las versiones de barril, se añade el gas carbónico a la cerveza directamente a la hora de servirla, mediante las famosas bombonas de gas carbónico que encontramos en los bares.

Por cierto, aunque no es lo más habitual, también es cierto que a la hora de elaborar la cerveza y su espuma se usa el nitrógeno. Este gas es menos perceptible y apenas deja burbujas en los dedos o la sensación de burbujas en la lengua o en boca, pero estar están. Entre las empresas que usan esta técnica, se encuentra Guinness, que la aplica en algunas de sus variedades.

 

La importancia de servirla bien

Hasta ahora, hemos hablado de las características, el origen y el fin de la espuma de la cerveza. Pero hay un factor fundamental para obtener una espuma de buena calidad. Hablamos de la forma de servir la cerveza.

La forma más correcta es empezar mojando el interior del vaso con agua, para que el gas resbale y no se rompa durante el proceso. A la hora de verter la cerveza, es necesario inclinar el vaso o jarra de cerveza de 20 a 45 grados, dejando caer el líquido en la mitad de la base. Esta posición debe mantenerse hasta llenar el vaso a la mitad. En este momento, empezaremos a enderezar el recipiente, recogiendo así la espuma y dejando que la misma quede en su lugar.

Por cierto, hablamos específicamente de jarras de cerveza porque estas, al igual que el resto de recipientes específicos, tienen una forma concreta. Si las vemos desde arriba, notaremos que el espacio se cierra ligeramente en la parte superior, a veces de forma sutil y otras más pronunciado. La idea es que ese borde estrecho ayude a concentrar la espuma y mantenerla en su lugar

 

¿Y si no hay espuma?

Hay mucha gente que tiene dudas respecto de si es buena la cerveza sin espuma o si se ha estropeado. La respuesta es variable. En primer lugar, debemos saber que no todas las cervezas tienen espuma, dado que cuanto mayor es el grado alcohólico, menor es la presencia del gaste en la misma. También hay variedades que, por su planteamiento, no suelen tener apenas espuma. Es lo que pasa con ciertas Pilsner o con las cervezas más espesas, como las negras.

En cuanto a la cerveza convencional, sí es cierto que la falta de espuma genera una bebida con mal aspecto en lo visual, pero que no entraña riesgos para su consumo. El único inconveniente de esa cerveza sin gas es que no notarás las mismas sensaciones que tendrías si bebes una cerveza con su gas y su espuma. Por eso, no conviene servir mucha cerveza a la vez, a menos que seas capaz de beberla antes de que pierda la espuma.

 

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